El gordo Manteca se levantaba a cada rato y, con semejante contrapeso, la canoa se zarandeaba como huevo hirviendo en la olla. En principio pensé que era porque el río estaba picado pero cuando descubro la razón le pego un grito para que se quede quieto, que así no vamos a pescar nada para darle al diente en Semana Santa.

El gordo nos pregunta si sabemos qué día es hoy y el Tararira le contesta que es el día en que lo vamos a fondear con el ancla si no se queda quieto.
– Fuera de joda -reitera-, ¿saben qué día es hoy?
Mientras recojo el aparejo le respondo:
– El Día de la Memoria, feriado nacional gracias a la yegua, gordo boludo.
Salta el Tararira y me corrige:
– El Día de la Memoria lo pusieron cuando estaba el Cabezón y lo hizo feriado el Néstor, ¡zapallo!
– Ahí está el instruido -le replico-, negro y grasita K pero sabiondo (risas).

El Tararira pone cara profunda mientras encarna el anzuelo con polenta (estamos a la pesca de la boga o el pati) y dice recordar el kilombo que se armó cuando el Néstor quiso poner el feriado.
– Me acuerdo que andaba la hija esta del Walsh que quería derogar los indultos y no la pelaron y me acuerdo que estaba la Cristina mostrando los dientes como una fiera, como siempre bah, porque querían que saliera el feriado para cuando se cumplieran los 30 años del golpe.
– Sos un libro abierto negro, le contesté.
El negro me mira con el pucho en la comisura y me esputa:
– Yo seré un libro abierto, pero vos Puppy sos un bruto, igual que todos los del PRO y sino fijate lo que dijo el cocinero pelotudo este de Quilmes, un animal el pelado.

El gordo Manteca larga la carcajada a lo que el Tararira le lanza:
– Y vos bola de grasa, seguí votando a Massita que así nos va, marmota.
– Bueno, bueno, aflojen che que no es para tanto, después de todo es un feriado más y encima cae en Semana Santa y nos caga la fruta.

El negro Tararira se pone rojo de la calentura y me dice:
– Loco, vivís en una nube de pedos, no tenes ni idea lo que estas diciendo y parece que te chupa un huevo los derechos humanos. Se nota que no tenes ningún pariente o amigo desaparecido durante la dictadura. Hablas porque el aire es gratis, ni pensas.
– No loco -le respondo-, no es así. A mi me encanutaron durante la dictadura por ir cantando una canción de Creedence en la vereda y a plena luz del día. Me hicieron baldear la policía entera y me cagaron a palos.
Y el gordo Manteca cuenta:
– Y a mi viejo casi lo pasaron para el otro lado porque tenía un cuadro con una foto media de mierda del Pocho arriba del aparador, que me van a contar. Era pendejito pero me acuerdo.

Queda rato un silencio que se podía cortar con moto-sierra y se nos venía la nochecita como una bruma de la memoria. Me pongo a recordar la página web El Muro de la Memoria y me corren escalofríos por todo el cuerpo. Tanta muerte inocente, tanta alienación humana es inconcebible, no entra en la razón. El solo hecho de pensar en La Masacre de Fátima me pone la piel de gallina y me entra un desasosiego difícil de soportar, me pongo inquieto, me subleva la razón, el alma me desborda. Y le pregunto a los dos:
– Che, ¿vamos a ir a la vuelta a la Plaza de la Memoria?

El gordo Manteca me mira con cara de yo no fui y dice que hasta que no pesque algo él no se va porque sino la vieja lo mata. El Tararira cuenta que a él le hubiese gustado estar en Plaza de Mayo, que reventaba de compañeros peronistas pero que no le da el cuero con la plata, “no tengo ni sarro en las tripas”, dice.

Llegada casi la noche nos volvemos con un par de patíes y una boga, justo uno para cada uno. En la costa los abrimos y mientras lo hacíamos el Tararira comenta:
– ¿Sabían ustedes, manga de brutos, que pati es una palabra guaraní que quiere decir “pez gato”?
Con el gordo Manteca lo empezamos a relajar por creerse sabiondo y le tiramos las tripas por la jeta mientras nos divertimos un rato con eso.

Después de atar la canoa, con la bolsa de los implementos y la pesca, casi sin pensarlo, fuimos caminando derechito a la Plaza de la Memoria, los tres teníamos un muerto por los milicos, nada para festejar, todo por recordar y un nudo en el estómago que aflojar cada 24.

¡Nunca más! ¡Nunca más! ¡Nunca más!

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Espacio de la Memoria – Colón – Entre Ríos
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