Estábamos hablando con el gordo Manteca y con el Tararira sobre la fecha que hoy nos convoca a la charla mateada con galletas, con la patas en el agua, colgando de la canoa y pescando. El río está bajando rápido pero deja un olor a mierda, a barro y a pescado podrido insoportable, esto parece la laguna de decantación de las cloacas.

El gordo Manteca suda como un pollo y se tapa la pelada con un gorro mojado y habla pelotudeces de Masita, que lo bien qué hizo el tío Mauri y en llevarlo con él al congreso ese. Al Tararira le chupa un huevo y encarna el anzuelo con tripa de pollo para el pati y le dice que se calle; “gordo puto”, “bola de grasa”, le dice. Los corto y les pregunto si se acuerdan cuándo descubrieron quiénes eran los Reyes Magos.
El que arranca es el Tararira y dice que nunca se va a olvidar del asunto. Se dio cuenta cuando era muy chico porque armó las “flecha” con pasto y las puso en el arbolito. A la noche se levantó y salió al patio a mear. A lo oscuro y al tanteo, pisó bosta fresca en patas y se tuvo que ir a la pileta del fondo a lavarse. Ahí vio el pasto con hinojo que él había juntado tirado arriba de unos escombros. Se fue hasta el arbolito y encontró un paquete envuelto para regalo con su nombre. Adentro tenía un camioncito Duravit chiquito, medio berreta. Ahí empezó a sospechar que algo olía mal no solo por el pasto sino porque había pedido un reel para dorado. Al otro día lo encaró al viejo y saltó la liebre.

El gordo Manteca se caga de risa y le dice: “de chiquito ya eras un negro pelotudo; por eso te pusieron Tararira, negro de barro con patas de bosta”, y se mata de la risa. Le salto a la yugular y le exijo que cuente él su historia a ver si sale bien parado.

Manteca tira el “fontanares” y le prende un chupón al mate. Ahí veo que la cara se le pone lánguida y se le arruga el entrecejo, como que va a llorar.  Empieza a contar diciendo que eran pobres, “tremenda miseria pasábamos”, dice; y yo para sacarlo de la tristeza le digo que no se nota mucho porque está bien alimentado, le agrego “gordo peyón” y nos reímos todos.
Sigue la historia diciendo que cuando despertó salió corriendo para el arbolito a buscar el regalo y encontró las zapatillas con pasto tal cual las había dejado, que no había un puto regalo ni nada. Salió afuera a buscar a esos camellos del orto y no vio nada. Volvió adentro y se mandó en la pieza de los viejos y encontró al padre durmiendo en el piso de ladrillo con un pedo turberculoso y a la madre en camisón con el Cholito acurrucado al lado y todo cagado. Dice que se fue a su cama y que no quedó ningún santo sin putear. Para finalizar dice que se enteró quienes eran los reyes porque el padre, después que despertó de la mamúa, le dijo: “dejate de joder pendejo, camello hay en Egipto boludo, los reyes no existen, somos nosotros”.
El gordo Manteca lo cuenta masticando mucha bronca, sobre todo cuando nombra el borrachín del padre, que murió hace unos años, que como todo el barrio sabe le pegaba a la mujer y reventó de tanto alcohol en el cuerpo… “debe estar bien coservado el hijo de puta, de tanto alcohol, mirando los rabanitos desde abajo”, asesta mi amigo y vuelve a mojar el gorro.
Sobre la canoa quedó flotando un silencio y nadie me preguntaba a mi. Me hice el gil y me puse a chupar el mate. Para cambiar de tema y empezar la rosca, largo un comentario acerca de los supositorios DNU del tío Mauri y ahí todos me miran con cara de boga atragantada con grasa y ya empiezan las relajadas: “kakita del orto, choriplanero, etc”.
A la vuelta hacia la costa me acuerdo que descubrí que mis padres eran los reyes porque encontré el regalo que había pedido mal escondido arriba del ropero. Tremenda desilusión…
Así que esta noche, acuérdense que somos adultos, que los reyes no existen, pero que todos tenemos un niño adentro. No sean boludos y dejen de manguear pavadas a la vida. Más vale hagan reír a los gurises del barrio, aunque sea regalando juguetes viejos que tengan guardaos por ahí.

Melchor, Gaspar, Basaltar y se cayó, váyanse a la puta madre, cuenteros!!!

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