He escuchado muchas veces este tipo de aseveraciones que tienen un sentido que no se ajusta a la verdad y constituye una irresponsabilidad cívica. Aquí un intento de esclarecer y de ayudar a pensar.

Esto no es un tratado ni un ensayo de nada ni busca serlo, simplemente busco aclarar esta frase desde mis puntos de vista porque últimamente la vuelvo a escuchar en mis oídos como en otras épocas y el hecho no me agrada para nada.

No soy sociólogo ni politólogo ni nada por el estilo y todo lo que escribo sale de mis reflexiones personales y de mi experiencia de vida, por eso está librado al perfeccionamiento constante. Lo que busco es despertar el interés por conocer qué es lo que votamos cuando vamos a una elección democrática. Si alguien tiene más para compartir al respecto, les pido dejen sus comentarios debajo y lo vamos compartiendo.

Muchos dicen: “yo no voto partidos, voto personas“. Y quiero aclarar que una cosa no es diferente de la otra. El que piensa lo contrario no está bien informado y se engaña, aquí van mis razones.

Según la RAE, ideología es: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”

Las ideas surgen de nuestro razonamiento y de nuestra imaginación, por lo que pueden contener elementos lógicos o de razonamiento, ontológicos o de prueba de existencia, trascendentales con consecuencias importantes y subjetivos (de sentimientos, prejuicios, etc.)

La diferencia entre una persona y un partido político en realidad está en la doctrina, a la cual las personas pueden adherir o no según su sea su ideología.

Para definir la palabra “doctrina”, normalmente usamos la acepción tres de la RAE que dice que es: “Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Doctrina cristiana, tomista, socialista, etc.

Como individuos somos únicos e irrepetibles pero siempre hay puntos de unión respecto a la doctrina porque adherimos a una o a varias de ellas y en ese sentido pasamos a formar parte de la sociedad. No existe una persona sin ideología y sin doctrina porque la primera determina la segunda, van de la mano. Por ejemplo: vamos a la iglesia porque nuestra ideología, se inclina a aceptar la doctrina católica, empatiza con ella, por decirlo de alguna manera.

Al mirar a un candidato al momento de elegir, debes entender su ideología y conocer la doctrina o doctrinas a la que adhiere. Tanto su ideología como su doctrina o doctrinas se manifiestan con los actos y hechos que esta hace y produce, en sus dichos y promesas electorales o en su intencionalidad detrás de estas.

Identificar, estudiar o aprender una doctrina es bastante fácil porque son muy publicitadas por todos los medios para que las personas adhieran a ellas. Hay ejemplos muy claros en los partidos políticos: la doctrina radical, la doctrina peronista, la doctrina socialista, etc.

La forma de saber si un candidato nos está engañando o no, es conocer estas dos cruciales cuestiones: su ideología y su adhesión doctrinaria. De este modo podemos llegar a una conclusión que si bien puede ser equivocada, al menos nos ayudará a emitir nuestro voto con una mejor conciencia de lo que hacemos y el por qué.

Por ejemplo, la primera verdad de la doctrina peronista dice que: “la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: EL PUEBLO.” (pueden leer Las 20 verdades peronistas, aquí)

Otro ejemplo, uno de los principios del radicalismo es el “antiacuerdismo electoral“. En 1924 el Comité Nacional dijo que “repudia toda actividad partidaria que signifique alianza o acercamiento con partidos de otra orientación.” La Convención Nacional de 1948 asentó que “rechaza pactos o acuerdos con otras fuerzas políticas y prohíbe a sus afiliados, grupo u organismo que promuevan o se implique en iniciativas de esa índole.
Y la del año 1953 reafirmó que “la U.C.R. luchará sin pactos, acuerdos, conforme a su tradición histórica.” (Fuente: Instituto Nacional Irigoyeano, pueden leer todos los principios en el blog del Instituto Nacional Irigoyeano, aquí)

Dado todo lo dicho, verán la importancia de conocer realmente lo que estamos votando cuando hay una elección. Y esta formación, esta necesaria búsqueda de información, hace a nuestra obligación cívica para con la sociedad a la que pertenecemos y para con nosotros mismos.

Si no estamos formados correctamente podemos estar votando una apariencia, un aviso televisivo, una imagen irreal, la belleza de un afiche o campaña marketinera o periodística, o cualquier cosa.

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