Tengo algunos años encima y tal como ha sucedido en otras elecciones ayer ganó el famoso “voto bronca”, que viene a hacer algo así como “pegarse un tiro en las bolas”. Es decir, yo tengo todo lo que quiero pero no quiero que vos tengas lo mismo que yo tengo entonces me pego un tiro en las pelotas para que a vos te duela y sufras. Algo así como el caso de un tal Juanillo que cortó la rama del árbol donde estaba sentado y terminó internado en el hospital con fracturas varias; mis cumpas colonenses seguramente conocerán la anécdota.

También se conoce a este voto como el “voto medio pelo”, sufragio de la nueva, flamante clase media que ahora ve “negros choriplaneros” hasta en la sopa, los ve subir un peldaño en la escala social y, desde su suposición de creerse ya burguesía, se aplasta la nariz con un cascote.

Confieso que me la veía venir. Percibía mucha “iracundia” en muchos amigos y conocidos, en parte surgida por lo antes expuesto e incentivada hasta el hartazgo por los medios hegemónicos de siempre y por los periodistas operadores (de ambos lados) y en parte por un sentido de egoísmo puro y sin tapujos, totalmente antisocial y ombliguista.

En cierta medida, algo de razón hay en esta iracundia, sobre todo en lo referente a la corrupción que la hubo, la hay y la habrá en todos los órdenes políticos. La corrupción es a la política lo que el piojo a la pobreza, cuando más politizado está un país, más corrupción hay. Sin embargo, la bronca toma foco solo en la del partido que gobierna por un sentido ordinal en la cadena de mandos y del poder.

Pero también ganó el otro no menos famoso “voto gorila” que es el que proviene de personas que están, siempre y en todo momento, en contra de absolutamente todo lo que sea relativo o cercano al peronismo, son las de la tristemente célebre frase “viva el cáncer”. Estas personas no miden nada y van por la negativa siempre, les importa un pito si mientras meten el sobre en la urna se están desgarrando las verijas porque solo quieren que pierdan los seguidores de Perón o en este caso del kirchnerismo.

Luego está el “voto útil” que viene hacer el “voto bruto”, el del ignorante, el que se dice “apolítico” mientras le miden el aceite, el que no se informa ni le interesa informarse porque vive en otro planeta, sale del termo solo para comprar dólares e irse de viaje al exterior y no le interesa ni la verdad ni el país ni nada, la pegan con la verdad en su propios sesos de bigornia con un marrón de cinco kilos pero el tipo mira para otro lado.

Finalmente está el “voto sincero”, el de aquellos que realmente están mal, sufren su existencia por cuestiones muy básicas de la vida, son postergados y excluidos de la sociedad, están al margen. Esos son los únicos justificables porque quizás agobiados en su paciencia y en esperar lo que no llega, alternan su voto entre uno u otro candidato a la espera de que alguien o algo le alivie o solucione sus problemas. Estos son los que hace que la lucha sea auténtica y perdurable.

El voto inteligente es el que vota un proyecto y no las personas, las personas van y vienen y son como plumas al viento, ejemplos sobran, no me voy a detener a contarles cuántas veces se cambió de partido o giró para un lado u otro cada candidato (de ambos lados). El voto inteligente mira un poco más allá del presente repasando muy fuerte el pasado en todo momento porque apunta a crecer y ya saben la frase al respecto, no la voy a repetir.
Así y todo, acá se ve claramente que se votó en contra de una persona que tiene nombre y apellido. Se votó por personas, trágica persecución subconsciente que nos subyuga desde la vuelta de la democracia.

De mi parte estoy feliz por varios motivos, principalmente porque puedo votar y elegir, hasta no hace muchos años eso era algo prohibido. Desde hace ya varios años, vengo votando con alegría y de corazón, consciente de mis convicciones y de mis ideales. Suelo leer todo y de todo en todas direcciones y sacar mis propias conclusiones. Jamás me dejo “interpretar” por nadie ni por algo. Alguien tuvo la culpa de que en cada elección esto me suceda y tiene nombre y apellido y por eso mi “GRACIAS” no tendrá fin.

Por todo, la lucha continúa mis amigos, porque no somos invencibles ni somos barro donde todo resbala, acá nadie debe rendirse ni tener vergüenza por defender lo que cree.

Hay una frase de Marcel Proust, famoso novelista francés, que deberíamos asimilar para entender nuestra existencia y definirnos siempre, dice:

“No somos como edificios construidos con piedras desde el exterior, sino como árboles que sacan de su propia savia el siguiente nudo de su tallo, la capa superior de su follaje”.

Vamos por ese nudo que nos haga subir siempre para arriba.
¡¡¡Hasta La Victoria Siempre!!!

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