Apoyé y apoyo a CFK desde siempre como lo hice en su momento con Néstor, que por cierto vino a Colón cuando no era aún conocido a nivel nacional. En aquella oportunidad, un amigo me regaló un libro que era su plataforma electoral, el proyecto de país que proponía y el que finalmente cumplió y que continúa Cristina. Conservo ese libro aún como uno de mis más gratos recuerdos.
¡¿Cómo no seguir apostando a “los K” si no me mintieron nunca y encima cumplieron?!

 Ahora bien, apoyé a Néstor, sigo apoyando a CFK y el proyecto de país que propone el FPV pero eso no quiere decir que lo haga absolutamente todo, “en piloto automático”. Tengo algunas diferencias, por ejemplo creo que a Monsanto habría que sacarlos a patadas en el traste, entre otros cosas.
Tampoco quiere decir que apoyo a todos los que integran el FPV, algunos me parecen personajes nefastos, enquistados en el poder por el poder mismo y no porque realmente hagan algo. Por suerte hay un halo de esperanza de que esta gente se vaya depurando. Me reservo el derecho a nombrarlos.
Respecto a la corrupción, de seguro también la hay porque son cosas que no se pueden evitar. La corrupción es como un piojo que habita en todas las cabezas y hay que combatirla pero es imposible que no suceda. Como decía Jesús: “aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. No me vengan con chicanas, la única pureza que hay es el papel blanco y siempre se mancha con tinta.
Tampoco pienso que el país esté 10 puntos, no soy necio, pero todo lo que se ha hecho hasta ahora no lo hubiese imaginado ni en el mejor de mis sueños. Cuando uno se pone a ver todo lo conquistado resulta increíble. Hay muchos sueños cumplidos, muchas cuentas saldadas, mucho corazón feliz, y eso es lo que molesta a algunos que han perdido privilegios o a otros que tuvieron que rendir cuentas.
Para cerrar, quiero dejar una experiencia a modo de reflexión. Hace unos años formé parte de diversos grupos parroquiales. Integré la Junta de Pastoral, fui secretario diocesano para la familia, músico en el ministerio de música, etc. Como en todos los grupos, había problemas de diversa índole que a veces se solucionan de la mejor forma y otras de no tan buena forma. (¿O se piensan que dentro de la iglesia no hay política? No sé sino es peor)
Cierta vez, hablando con un amigo y ya acobardado de luchar contra los problemas, le dije que iba a renunciar que me iba a retirar. Escuchó atentamente todos mis argumentos que no eran pocos. Al finalizar me dijo: “tenes razón en todo lo que decis, pero si realmente queres cambiar las cosas tenes que estar adentro, de afuera no vas a lograr nada”.
Y es verdad, nada se cambia criticando de la boca para afuera y sin participar. Si uno quiere realmente cambiar las cosas hay que actuar en consecuencia, esto es: mover el traste, salir de la comodidad de observador y participar activamente en y desde el mismo lugar objeto del cambio. Denostar desde la vereda de enfrente es fácil y lo hace cualquiera, ponerse las pilas y participar con el cuero es otra cosa.
Le hice caso a su consejo y me fue más que bien. Luego me alejé pero por otras cuestiones que no vienen al caso.
Lo mismo sucede con la política: si quieres un cambio tienes que militar. Y no se trata de formar parte de un partido o no, hay miles de formas de hacerlo. Una militancia básica es, por ejemplo, cumpliendo con tus obligaciones democráticas como ciudadano, que no es poca cosa. Si no lo haces, entonces quédate tranquilo con tu pasividad pero no te quejes de aquello por lo cual no has movido ni un dedo.
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